¿Que hace un tipo como yo con un blog como éste?


No se si será porque desde que he fichado por la mayor empresa española que existe, esa que ya tiene más de 6 millones de “trabajadores”, tengo más tiempo libre. O si será que eso de escribir será como el agua de mar; que cuanto más bebes más sed tienes. Sea como fuere, lo cierto es que no se ha cumplido un año desde que me decidí a iniciar mi primera ciber aventura bloguera cuando aquí me encuentro, escribiendo las primeras líneas de mi segundo rinconcito web, que dicha sea la cosa, nada tiene que ver con el primero.



¿El objetivo de este blog?. Pues siendo sinceros, todavía no tengo mucha idea. Supongo que acabará siendo una amalgama de diario personal y opiniones propias sobre una miscelánea de temas diversos, pero no puedo garantizarlo. Tal vez, lo que busco es tener un sitio donde poder expresarme tal y como soy; un lugar donde poder desahogarme, donde despotricar y cagarme en los muertos de aquello que me repugna. Resumiendo, un lugar donde dar mucho por culo, y bien (al menos eso espero). Pero también espero que sea un lugar donde poder compartir con todos buenos consejos, formas de entender las cosas vitales y esenciales de la vida, y donde poder disfrutar de esa belleza infinita que solo las letras tienen el poder de transmitir. 

Desconozco si el nombre que he escogido para el blog acabará siendo el más adecuado, o no. Tengo que admitir que costó un poco decidirme al principio, ya que dudaba entre varias opciones que me rondaban por la cabeza. Pero finalmente me decanté por “El Mendrugo Filósofico” por una sencilla razón. Si hay un término que siempre me ha encantado para definir a alguien “corto de ideas”, por así decirlo, ese es el término “mendrugo”. Nada de tonto, imbécil, estúpido, o gilipollas. Mendrugo. Es lo que tiene el vocabulario español, que es estupendo para expresar palabras malsonantes y descalificantes. 

 Y aunque te cueste admitirlo, tu eres un mendrugo, y si no lo admites tienes un serio problema. No me mires así hombre. Trataré de consolarte. Yo también soy un mendrugo. ¿Te sientes mejor?. ¿No? Pues te diré también que todos somos mendrugos. ¿Te sientes ahora mejor?. ¿Sí?. Pues andate con ojo, porque no todos somos mendrugos iguales. Estamos divididos en tres tipos diferentes.

  • En primer lugar tenemos a los mendrugos que saben que lo son, por eso, jamás intentarán parecerlo, y nunca dejan que su curiosidad por aprender caiga en un profundo sueño del que jamás se despertará.
  • Después tenemos a los mendrugos que no saben que lo son. En mi modesta opinión, los que más abundan en este planeta.
  • Por último tenemos a los peores de todos; los mendrugos que se las dan de listos. Mejor no entrar en detalles.
Ahora que ya los conoces, ¿con cuál grupo te identificas?. Déjame que te de un consejo; si tienes la más ligera sospecha de que puedes pertenecer al último grupo deberías comenzar a preocuparte seriamente. Créeme, yo lo hago constantemente. Es la mejor fórmula que he encontrado para intentar parecer alguien del primer grupo.


Sin embargo, al igual que todos somos mendrugos, por contraproducente que parezca, también diré que todos somos filósofos. Todos somos maestros. Porque maestro es todo aquel que pueda enseñar a otro algún conocimiento que éste ignore, y cuando lo haces, en ese preciso instante, por muy poco que dure, te conviertes en el más grande de los filósofos. Por eso, porque todos somos mendrugos, y porque todos podemos aprender de todos, me he decantado por este nombre para el blog.

Dicho todo lo que tenía que decir, ahora si puedo decir que aquí comienza mi aventura. Ahora que ya me conoces, eres totalmente libre de seguir leyendo mis siguientes publicaciones, o de olvidarme para siempre. Si tienes dudas permíteme que te de un consejo. Escoge la segunda opción y si alguien te pregunta contesta que nunca me has leído, o que me encontraste por casualidad mientras buscabas pornografía en Internet. No te perderás nada interesante.





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