Du yu spikinglish?



En la sala hay otras cinco personas esperando. Los nervios internos de todos los presentes afloran en forma de lenguaje corporal inconsciente; temblores en las piernas, cambios de posturas en las sillas, sudor chorreante... y en mi caso, un compulsivo ataque sin piedad alguna a las uñas de mis manos. Solamente hay un puesto vacante y tal como está el patio tener un trabajo, corrijo, una mierda de trabajo, ya es un privilegio. No se cuanto tiempo llevo ya esperando, ni quiero saberlo, aunque de lo que lo que si estoy seguro es de que ya han pasado muchísimos minutos de la hora concertada para mi cita. 


El hilo musical a base del último éxito de Camela comienza a ser ya molesto, y más cuando la chica de recepción la comienza a tararear mientras ojea su perfil de Tuenti. Para tratar de calmarme comienzo a fijarme en la chica, y la pregunta que me hago a continuación es inevitable: “¿Como diablos ha podido meter esas enormes tetazas de silicona en semejante camisa?” . Estaba más apretada que los tornillos de un submarino, así que no me quedó más remedio que pensar que debía ser una especie de híbrida extraterrestre capaz de respirar por los poros de la piel.


La puerta contigua situada a la derecha se abre y un muchacho jovenzuelo, de traje hortera y cabello grasiento peinado hacía atrás, se despide mostrando su mejor sonrisa profident a un hombre de unos cuarenta y muchos años que abandona la sala tratando de disimular pésimamente una evidente decepción. A continuación, el jovenzuelo engominado exclama mi nombre, y me levanto de la silla como si me hubieran clavado una chincheta en el trasero. 

Tras estrecharnos la mano, pasar a su despacho y ofrecerme amablemente asiento, lo primero que me llama la atención es que el ambiente se encuentra excesivamente cargado con un olor que me recuerda a la sección de perfumería del “Corte Inglés”, y la segunda son unas llaves muy bien situadas sobre la mesa en cuyo llavero se podía leer “Mercedes Benz”. 


Tras sentarse en el lujoso sillón de cuero negro situado al otro lado del escritorio, comienza a ojear con cara de intelectual mi Currículum Vitae, repasando en voz alta mi formación académica y trayectoria profesional mientras rellena una ficha con una pluma estilográfica dorada. Seguidamente, me suelta una gran verborrea asociada a las características y condiciones del puesto de trabajo: “Que si aquí se sabe cuando se entra, pero no cuando se sale. Que si todos somos un equipo. Que si somos muy exigentes. Que con esfuerzo se puede llegar muy lejos y él es un ejemplo de ello, bla, bla, bla”. Por último, se fija que en mis conocimientos de idiomas indico “inglés nivel alto”, y me pregunta si eso es verdad o está un poco exagerado, algo muy común, ya que hay mucha gente que no duda en mentir para conseguir un empleo. A lo cual le respondo:

              - Pues mire usted. Esta mañana me he despertado muy temprano para llevar a mi hijo Kevin al colegio, ya que mi mujer trabaja para una empresa que hace busisness en el mundo del marketing y del coaching. Tras vestir al chico, preparé un rico breakfast a base plum-cake, kornflakes y huevos con bacon. Me dirigí a llevar al niño al colegio con bastante antelación, que después no hay quien estacione en el parking del centro escolar, no sin saludar primero a mi vecino gay, que no maricón, con el que siempre me cruzo en el hall del bloque.

Después me fui al Gym, donde hice un poco de footing, porque correr es de cobardes, y de spinning. Tras darme una shower en los vestuarios, me afeité escuchando mi single musical favorito en el Ipod y estrené mi nuevo after-shave, también cortesía de mi mujer, que deja la cara mucho más fresca que mi anterior tónico facial. Seguidamente me desplacé al market para comprar algunos recados, y es que el frigorífico no-frost estaba casi vacío, por lo que mi esposa no tuvo más remedio que llevarse un triste sandwich en el tupper-ware para la hora del relaxing cup que tienen en la office.


Poco después recibí la llamada de su empresa de parte de un assistant, que me citó para que estuviera aquí a las 6 P.M. Así que no tuve más remedio que enviarle un whatssap a mi esposa a través del smartphone para que supiera que por la tarde debía dejar al niño con nuestra nannie de confianza. De nuevo me tocó cambiarme de ropa, para ponerme mis slips de la suerte y mi modelo más fashion, que quiero causarles buena impresión. Como este sitio está algo lejos de mi casa, decidí acercarme con antelación para ahorrarme algunos atascos, y almorzar en un restaurante self-service. Al ver que tenía tiempo de sobra, me acordé de que mi hijo quería ver en el cine un film que le gustó mucho tras ver el trailer por casualidad mientras hacía zapping, así que me acerqué con el fin de comprar unos tickets para la sesión del weekend, y un cómic de súper héroes de Marvel, que tanto le gustan. Vale, lo admito, yo me compré un tebeo del Capitán Trueno.

Y aquí me tiene, hablando con usted, en pleno meeting con el boss de la empresa, que no me conoce de nada, pero el cual no duda en cuestionar mis conocimientos desde su trono de mandamás que ha ganado sin merecerlo. Porque aunque intente aparentar otra cosa, usted no es el jefe de la empresa, sino su hijo, al cual, su papi se ha visto obligado a colocar por incompetente e inútil, ya que dudo mucho que alguien que merezca un cargo como el suyo escriba mi nombre con “b” en vez de “v” y mi apellido sin “h”. ¡Ah!, y déjeme que le de las gracias por no haberme hecho el mismo tipo de entrevista de trabajo que le hizo a su recepcionista. Eso sí, la próxima vez que tenga que elegir a una, trate de que su color de carmín sea más discreto, que ese tono de rojo le deja marca en el cuello de la camisa. Y ahora si me disculpa, voy al Irish Pub de la esquina a tomarme una Guinnes, que hace mucho calor".



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