Carta a Daniel (última parte)


...Pero además de la necesidad de tener amistades, también tendrás la necesidad de amar, y procura hacerlo apasionadamente, porque si no has amado con pasión habrás ignorado la mitad más hermosa de la vida. El amor pasional es tan fuerte que muchas veces torna necio al hombre más cuerdo y cuerdo al más necio, altera momentáneamente la índole de los hombres, pero no la destruyen. Y la carencia de pasiones hace al hombre estúpido. 


Como te dije al principio, poco se de la vida, pero entre lo poco que se también te diré que nada de lo que te he comentado anteriormente vale la pena sin alguien a tu lado que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer las cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca y tus yo qué va. Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido.

Trabajo, riquezas, virtud, amistades, amor... En fin, creo que ya te hablado de casi todo, bueno, de todo no... Como sabrás, hoy en día al nacer un niño casi siempre es bautizado en la fe cristiana a los pocos días de su alumbramiento. Contigo no ha ocurrido lo mismo. Tu madre y yo compartimos una serie de creencias, las cuales, eres totalmente libre de aceptar o rechazar. Aquí también tendrás la necesidad de encontrar respuestas a tus dudas, y aquí es donde menos te puedo ayudar. Cristianismo, Islam, Budismo... tienes un sinfín de doctrinas religiosas para elegir, o bien, eres libre de no atenerte a ninguna.

Las religiones son un invento institucional del hombre en respuesta a sus necesidades espirituales. Las religiones son muy universales y sus principios son, en realidad, muy parecidos; un mensaje de amor y de no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Pero las religiones son instituciones creadas por mortales, como los partidos políticos, y esto es lo que pueden hacer que se conviertan en un problema y crear ambición. 

Posiblemente, en su origen, toda religión es buena, pero según se ha añadido la mano del hombre, se ha deteriorado. Una bonita palabra tan rica en significado como es “espiritualidad” incluso se queda pobre para expresar tantísimos campos. Por eso no paro de preguntarme: si Dios habla a todos los corazones... ¿Por qué hay tan pocos que lo comprenden?. Desde que a los pueblos se les ocurrió hacer hablar a Dios, cada uno lo ha hecho hablar a su manera, y le ha hecho decir lo que ha querido. Si solo se hubiera escuchado lo que Dios dice al corazón del hombre, nunca habría habido más que una religión sobre la tierra.



Por eso, creo que el culto que Dios pide es el culto del corazón; un culto sincero y uniforme que va más allá de la simple y loca vanidad de imaginar que Dios toma un interés tan grande en la forma del hábito del sacerdote, en el orden de las palabras que pronuncia o en los gestos que hace en el altar.

Yo miro a todas las religiones particulares como otras tantas instituciones soporíferas que prescriben en cada país una manera uniforme de honrar a Dios mediante un culto público, y que pueden tener sus razones en el clima, el gobierno, el pueblo, o en alguna otra causa local que hace a una preferible a otra según los tiempos y los lugares. Creo buenas a todas cuando se sirve a Dios convenientemente; el culto esencial es el del corazón. Dios no rechaza su homenaje cuando es sincero, sea la que fuere la forma en que se le ofrezca.

Y bien, ahora si que creo que he podido expresar, a grandes rasgos, algunos de los aspectos más importantes con los que tendrás que toparte a lo largo de tu vida. De todas formas, no solo espero poder hablar contigo sobre todo lo mencionado en estas hojas, sino de muchas cosas más. Pero si no tengo esa suerte, nada me gustaría más que el que no consideres esta carta como una “piedra roseta” que debas seguir a rajatabla. Mi propósito al escribirla no ha sido otro que de servirte de ayuda para que encuentres tu camino. Por eso, lee esta carta todas la veces que te haga falta, y sobre todo lo más importante, critica mis opiniones, analízalas y después saca las tuyas propias, porque como ya te he mencionado, lo más importante es que seas tu mismo y no una simple prolongación o imitación de otro.

Nada me haría más feliz que el ver que tu lo eres.

Un abrazo fuerte, mi querido Daniel. 

Si te ha gustado, te adjunto los enlaces de las anteriores entradas de Carta a Daniel; o lo que todo padre debería transmitirle a su hijo. 

Carta a Daniel I
Carta a Daniel II
Carta a Daniel III
Carta a Daniel IV
Carta a Daniel V
Carta a Daniel VI

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