Presume de tu ignorancia



El principal factor por el cual me decidí a darle este blog el extraño nombre de "Mendrugo Filosófico" fue precisamente por el aprecio que tengo del término "mendrugo" para definir a alguien “corto de ideas”, por así decirlo. Nada de tonto, imbécil, estúpido, o gilipollas: mendrugo. Es lo que tiene el vocabulario español, que es estupendo para expresar palabras malsonantes y descalificantes. Pero también lo hice para presumir de que soy un auténtico mendrugo; un ignorante nivel máster que siempre se enorgullece de serlo. 
Sí, sí, has leído bien, me encanta presumir de que soy un ignorante, y creo que todos deberíamos hacer lo mismo. ¿Por qué? Pues porque siempre he pensado que el primer paso para avanzar en el crecimiento intelectual y personal es reconocer e identificar lo que no conocemos; los errores y los vacíos de información de los que somos víctimas. Y ello sólo se puede alcanzar si de una puñetera vez dejamos atrás el autoengaño y somos de una vez por todas realistas con nosotros mismos. 

Y es que hay que admitirlo, nos cuesta reconocer nuestra propia ignorancia, pero te aseguro que cuando lo hagas te sentirás muy liberado. En otras palabras, se trata de tener modestia intelectual, algo que va en contra de toda premisa con las que nos han educado y con lo que socialmente está bien visto. 

El principal inconveniente que conlleva todo este ocultamiento de la propia ignorancia es que al final acabaremos creyendo que verdaderamente somos sabios de tanto aparentarlo. Es como interpretar constantemente un papel en una obra de teatro o ir siempre ataviado con una máscara; al final conseguirás que acabe suplantando a tu verdadero yo. 

Por eso deberíamos enseñar a nuestros hijos a que no tengan miedo de decir "no sé", o "no lo entiendo", porque las personas con miedo a mostrar su propia ignorancia acaban perjudicándose primero a ellos mismos, y después a los demás, ya que siempre intentarán hacer cosas para las cuales no están preparadas. 



Así que dale una fuerte patada en sus partes al dogmatismo, acepta que no lo sabes todo, y presume de ello. Es el camino que el gran Sócrates ya nos mostró hace miles de años. Y si todavía tienes dudas, te diré que el título de este blog también está dedicado a ti, porque tu también eres un mendrugo, como yo, aunque no te guste reconocerlo. 

Ahora bien, en ti está elegir qué tipo de mendrugo quieres ser: 
  • El mendrugo que sabe que lo es, por eso  jamás intentarán parecerlo, y nunca dejará que su curiosidad por aprender caiga en un profundo sueño del que jamás se despertará.
  • El mendrugo que no sabe que lo es. 
  • O por último el más peligroso de todos; el mendrugo que se las da de listo. 

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