El voto egoísta, o del porqué votar no sirve para nada
Desde que nacemos, somos libres. Podemos elegir el canal de televisión que nos embrutezca, el banco que nos exprima el dinero, la red telefónica que nos time, la comida que nos envenene, la información que nos mienta y, por supuesto, la opción política que nos desilusione.