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Hombre de avanzada edad, pero que se conserva muy bien, busca mujer, u hombre, para larga relación. Personalidad: un poco de todo. Mis amigos y seguidores dicen que soy toda benevolencia y misericordia, aunque debo confesar que también tengo un carácter fuerte y que suelo enfadarme con facilidad.

Conectados

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Como cada día, a las seis de la mañana el despertador comenzó a sonar. Mas dormido que despierto, Juan se apresuró a apagarlo antes de que su esposa se desvelara. Juan solía soñar, y mucho, por lo que normalmente usaba el término apocalíptico de "destructor de sueños" para referirse a su despertador, al que siempre echaba en cara no saber cuales sueños debía arruinar y cuales no.            - Hubiera sido mejor que esta noche te hubieras quedado calladito, - le susurró al aparato con una leve sonrisa. Para Juan sus sueños tenían mucha importancia; pensaba que le ocurrían por algún motivo,  su estado de ánimo a lo largo del día estaba muy influenciado por el tipo de sueño que había tenido por la noche, y tras analizar su sueño mientras se lavaba la cara con agua fría, estaba convencido que aquel sería un día maravilloso.

Voy a hacerme un tatuaje

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Lo siento cariño, lo lamento de veras. Ya se que te prometí que nunca lo haría, pero no he podido evitar la tentación. Allá a donde fuera, por todas partes, recibía mensajes subliminares que me animaban a hacerlo. El conejito de Playboy, las estrellas, los tribales, los nombres de seres queridos escritos con caligrafía de poeta, las flores de diversos tipos, las frases filosóficas (como los famosos)... Todo el mundo tiene uno y yo también quería ser como ellos.

La chica del violín

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Sólo quedaba un mes para el término de las clases en mi primer año de facultad, y los quinientos metros que separaban la universidad de la parada de autobús se hacían más largo de lo habitual. No sé si sería por el hambre, por llevar la mochila repleta de libros que acababa de sacar de la biblioteca, o por ir completamente de negro con este sofocante calor que se anticipaba a la llegada del verano. Me pregunté entonces por qué demonios siempre iba vestido con el mismo color, cuando recordé que reflejaba totalmente mi personalidad; introvertido, reservado, y escéptico con todo aquello que pretende hacer de este asqueroso mundo un lugar flowerpower de felicidad y alegría. No creía en la verdadera amistad, ni en el amor, y mucho menos en la solidaridad o la bondad. Más bien todo lo contrario. Me daba pavor la crueldad de la humanidad, por eso la soledad era mi mejor amiga; mi refugio de seguridad.

Du yu spikinglish?

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En la sala hay otras cinco personas esperando. Los nervios internos de todos los presentes afloran en forma de lenguaje corporal inconsciente; temblores en las piernas, cambios de posturas en las sillas, sudor chorreante... y en mi caso, un compulsivo ataque sin piedad alguna a las uñas de mis manos. Solamente hay un puesto vacante y tal como está el patio tener un trabajo, corrijo, una mierda de trabajo, ya es un privilegio. No se cuanto tiempo llevo ya esperando, ni quiero saberlo, aunque de lo que lo que si estoy seguro es de que ya han pasado muchísimos minutos de la hora concertada para mi cita. 

Carta del Pueblo a su amada Democracia.

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Hola amor mío: Si te soy sincero no se que hago escribiendo esta carta. Tal vez tenga la vana esperanza de que acabes leyendo estas líneas allá donde estés, o a lo mejor solamente necesite expresar lo que siento desahogándome en este mar de letras. Lo único que se es que ahora, más que nunca, te echo tanto de menos... Mira que han pasado siglos, pero todavía me acuerdo cuando nos conocimos en Atenas como si hubiese ocurrido ayer mismo. Te presentaste con ese vestido semi transparente, atrevido, y ese escote de infarto que rompía con las reglas impuestas por los señoritos que ostentaban el poder. Pronto me sedujiste. Bueno, no solo a mí; los más sabios y filósofos del lugar también estaban encandilados contigo. No tardaste en hacerte un sitio en mi corazón y juntos comenzamos nuestra bonita historia de amor. Y como en todas las historias de amor, nuestros primeros años fueron geniales.

Que bien supieron venderme la moto.

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El tan esperado siglo XXI acababa de comenzar como quien dice. Afortunadamente, el efecto 2000 y las múltiples profecías apocalípticas que decoraban las portadas de las revistas y rellenaban la parrilla informativa del telediario se habían quedado en un simple bulo. Todo comenzó como suelen hacer este tipo de cosas. Primero ciertos rumores en las noticias. Después, los rumores se fueron confirmando para posteriormente convertirse en hechos. Y por último, una vez constatado el hecho, una planificada campaña de marketing, merchandaising y una avalancha de bombardeos publicitarios comenzaron a taladrar mi mente sin descanso. No había día en que la televisión, el periódico, carteles en la carretera, panfletos en el buzón, o incluso en jodidas camisetas de calidad discutible, me recordara que tenía que dar el paso. Que si quería ser un hombre moderno, un hombre “chic” del siglo XXI, que coño, un europeo hecho y derecho, tenía que llevar al desguace mi vieja “Vespin...