El tan esperado siglo XXI acababa de comenzar como quien dice. Afortunadamente, el efecto 2000 y las múltiples profecías apocalípticas que decoraban las portadas de las revistas y rellenaban la parrilla informativa del telediario se habían quedado en un simple bulo. Todo comenzó como suelen hacer este tipo de cosas. Primero ciertos rumores en las noticias. Después, los rumores se fueron confirmando para posteriormente convertirse en hechos. Y por último, una vez constatado el hecho, una planificada campaña de marketing, merchandaising y una avalancha de bombardeos publicitarios comenzaron a taladrar mi mente sin descanso. No había día en que la televisión, el periódico, carteles en la carretera, panfletos en el buzón, o incluso en jodidas camisetas de calidad discutible, me recordara que tenía que dar el paso. Que si quería ser un hombre moderno, un hombre “chic” del siglo XXI, que coño, un europeo hecho y derecho, tenía que llevar al desguace mi vieja “Vespin...