Últimamente no hago nada más que ver en las noticias de televisión, prensa, y otros medios, multitud de protestas en contra de la nueva ley de educación que en breve (¿alguien lo duda?) aprobará el Congreso de los Diputados. Y ciertamente, ya me hierve la sangre. Me hierve tanto que si Drácula me diera un mordisco acabaría con la lengua achicharrada. ¿El motivo?. No pienses que estoy a favor de tal ley, aunque sigo pensando que el 90 % de los que protestan contra ella ni habrán leído el título de la misma. Eso es lo de menos, cada uno que proteste contra lo que le de la gana; es un derecho que seguro nadie podrá quitarnos. Mi sangre hierve porque seguimos siendo el tablero del juego de la Oca donde unos políticos totalmente faltos de coherencia alguna no cesan de lanzar sus dados. Cada vez que uno de los dos grandes partidos políticos que sufrimos tiene su turno de jugar no dudan en cambiarnos el sistema educativo. Señor Wert, señor Gabilondo, señora Cabrera, señor Sansegund...