Desaprendiendo a deseducar.
Revisando mi último post, tengo
que confesar que me dejé algunas cosillas en el tintero sobre todo
el tema este de la educación. Tal vez el principal motivo fue el de
no querer extenderme demasiado, porque seamos sinceros; seguramente
este blog no te llame la atención demasiado, así que para poder
hacerlo más atractivo y que no te de pereza malgastar algunos
minutos de tu vida en leer todas estas chorradas que escribo, no debo
escribir artículos muy extensos.
Así que voy al grano, que ya me
estoy enrollando. Como dije anteriormente, la educación empieza en
el hogar, y se complementa en la escuela. El principal problema es
que el tipo de educación que te toque recibir en tu casa no es más
que un simple boleto de lotería. Tu boleto ya lo adquieres desde el
mismo momento en que eres concebido, y te garantizo que siempre toca.
Sus números determinan aspectos tan determinantes como si el país
donde naces es desarrollado o subdesarrollado, clase económica,
social y cultural a la que pertenezca tu familia, tipos de padres,
que pueden ir desde los padres que siempre enseñan, hasta los padres
que nunca aprenden, (y lamentablemente de éstos últimos hay
bastantes más boletos). Y esto es solo el principio. Todo,
absolutamente todo condicionará tu educación: la presencia o
ausencia de hermanos, tu barrio, tu colegio, tus profesores, tus
amistades, la relación de tus padres, tu carácter...

Puede que te suene simple,
vulgar, pueril y falto de argumentos lo que acabo de decir, pero eso
es así y punto. No tiene más vuelta de hoja. Evidentemente la
condición humana de cada niño es diferente, y para algunos no será
necesario usar apenas el método, mientras que para otros deberá ser
una constante diaria. Eso sí, sea como sea tu hijo, no dejes de
enseñarle URBANIDAD.
Y por último, otro aspecto que
me preocupa es por que demonios siempre tratamos de educar a nuestros
hijos de la misma manera. Vivimos inmersos en una sociedad tan
automatizada que nos ha convertido en seres tan mecanizados como las
máquinas a las que creemos poseer. Morimos tan deprisa que apenas
tenemos tiempo para el autoconocimiento y el autodescubrimiento (lo
de “autodescubrirse” a base de pajas todavía no se aplica a
estas edades). No me acuerdo donde leí que el maestro de Leonardo
da Vinci en vez de darle la respuesta a éste cuando le preguntaba
algo, siempre le respondía “¿y tu que piensas?” . Como ya dije
en mi último post, el problema es que hoy en día es que nadie nos
enseña lo que es la motivación por aprender, y así no podemos
avanzar. Porque la vida es eso, un continuo proceso de aprendizaje.
Aprendemos a gatear, a caminar, a correr, incluso a pensar... hasta
que crecemos. Olvidamos entonces a manejar nuestras emociones,
nuestras reflexiones, nuestros sentimientos, y nuestra memoria se
convierte en una simple CPU de capacidad muy discutible.
Te lo pondré con un ejemplo: levántate y mírate a los ojos en el espejo. Ahora trata de recordar como veías tu vida cuando tenías 10 años. Cuales eran tus sueños, y cuántas veces los cambiastes. Mira seguidamente a tu alrededor. Seguramente poco o nada tiene que ver con esos sueños. Porque llegaste a convencerte de que en esta vida no eres nadie si no tienes una hipoteca que te ahoga, dos buenos coches alemanes en el garaje, la parejita de crios, y un trabajo que no aporta nada sino que madrugones, estrés y en pasar tan poco tiempo con tu familia que muchas veces te preguntas quien coño es esa persona que comparte tu cama y a la que te tiras todos los sábados en un proceso tan mecánico como los engranajes de un reloj.
Te lo pondré con un ejemplo: levántate y mírate a los ojos en el espejo. Ahora trata de recordar como veías tu vida cuando tenías 10 años. Cuales eran tus sueños, y cuántas veces los cambiastes. Mira seguidamente a tu alrededor. Seguramente poco o nada tiene que ver con esos sueños. Porque llegaste a convencerte de que en esta vida no eres nadie si no tienes una hipoteca que te ahoga, dos buenos coches alemanes en el garaje, la parejita de crios, y un trabajo que no aporta nada sino que madrugones, estrés y en pasar tan poco tiempo con tu familia que muchas veces te preguntas quien coño es esa persona que comparte tu cama y a la que te tiras todos los sábados en un proceso tan mecánico como los engranajes de un reloj.

Pero no desesperes si te sientes identificado con lo que acabo de escribir, porque si algo bueno tiene la vida, es
que siempre tienes la oportunidad de comenzar a aprender de nuevo.
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